

La Ley 11/2023, que transpone la Directiva (UE) 2019/882, de 17 de abril, sobre los requisitos de accesibilidad de los productos y servicios, supone cambios importantes para las empresas con presencia digital.
Con esta norma, la accesibilidad pasa a configurarse como un requisito legal general para comercios electrónicos, aplicaciones móviles y, en general, cualquier servicio digital que ofrezca productos o servicios en la Unión Europea.
Una web accesible es aquella que puede usarse sin barreras. No solo por personas con discapacidad visual, auditiva, motora o cognitiva, sino también por usuarios mayores o con menor habilidad digital.
Dicho de forma muy concreta: accesibilidad significa que la web no te expulsa por cómo navegas o por cómo percibes la información.
En la práctica, esto implica, por ejemplo, vídeos con subtítulos, textos con un contraste adecuado que facilitan la lectura o imágenes con texto alternativo que los lectores de pantalla pueden interpretar.
Desde el punto de vista técnico, la normativa exige cumplir las WCAG 2.2, el estándar internacional de accesibilidad web desarrollado por el World Wide Web Consortium (W3C), que define tres niveles de conformidad —A (básico), AA (recomendado) y AAA (avanzado)— y se basa en cuatro principios:
El cumplimiento de los niveles A y AA resulta imprescindible para ajustarse a las exigencias legales en el comercio electrónico.
Además, la obligación no se limita a la web. La norma UNE-EN 301549 extiende la accesibilidad al conjunto del servicio digital, incluyendo software, dispositivos interactivos, documentación y canales de atención al cliente.
Fechas clave: cuándo te afecta
Aquí está una de las partes más importantes.
¿Y qué pasa si tu web “antigua” cambia?
Si una web previa se rediseña por completo o incorpora cambios que transforman la forma de interacción, puede dejar de considerarse anterior y quedar obligada al cumplimiento inmediato.
Debes ofrecer información clara y accesible sobre el funcionamiento del servicio, su nivel de accesibilidad y la compatibilidad con tecnologías de apoyo.
Asimismo, la web o app debe ser navegable sin obstáculos, con contenido perceptible por distintos sentidos, estructura comprensible y compatibilidad con lectores de pantalla actuales y futuros.
El soporte al cliente también debe ser accesible —teléfono, chat u otros canales—, permitiendo su uso por personas con discapacidad y ofreciendo formas de comunicación adaptadas.
Y, por supuesto, el proceso de compra y pago debe poder completarse sin barreras en todas sus fases: identificación, seguridad y confirmación de la operación.
Además, no basta con que el servicio sea accesible: también debe poder demostrarse.
Por ello, deberás indicar en las condiciones generales o en un documento equivalente cómo se cumplen los requisitos de accesibilidad, mantener esa información actualizada y ofrecerla en formatos accesibles.
La accesibilidad digital se configura ya como una obligación legal para las empresas con presencia en Internet. Cumplirla no solo reduce el riesgo de sanciones y daños reputacionales, que pueden alcanzar hasta un millón de euros, sino que también mejora la experiencia de usuario, favorece el posicionamiento en buscadores y amplía el alcance potencial de tu negocio.
Además, en Europa, millones de personas conviven con algún tipo de discapacidad, lo que convierte la accesibilidad en un factor clave de inclusión y competitividad empresarial.
En Lawwwing acompañamos a las empresas en la adaptación de sus webs y servicios digitales a la normativa de accesibilidad, convirtiendo el cumplimiento legal en una oportunidad real de crecimiento.
